“Internet para mí es un suministro básico como el agua o la luz”

“Internet para mí es un suministro básico como el agua o la luz”

Un reportaje de Manu Garrido publicado en Ctxt.es

Les confesaré algo: yo no quería hablar de millennials. De verdad, se lo prometo. Hablar de millennials es insultante, repelente, como un grupo de WhatsApp de antiguos alumnos: todo el mundo mandando porquería al mismo tiempo. Hablar de millennials significa dar por hecho que un grupo de población de millones de personas comparte una misma naturaleza inherente a ellas por el simple hecho de haber nacido en un intervalo cerrado de años. Sin tonalidades, sin matices.

Los millennials quieren cambiar el mundo. Así viajan los millennials. Los millennials no quieren tener hijos. Los millennials tienen menos sexo que las anteriores generaciones. Los millennials quieren pasar el resto de sus vidas en las montañas. Todo lo que debes saber de la generación de los millennials. ¿Saben qué tienen en común todos estos titulares? Que no están escritos por millennials.

Javier tiene 25 años y es graduado en Física por la UAM, misma universidad donde actualmente estudia la carrera de Matemáticas. Recientemente ha sido seleccionado en un programa para estudiantes del CERN, el laboratorio europeo de física de partículas, donde espera disfrutar de un contrato de un año en prácticas después de verano. “He querido estudiar física desde los cinco años porque quería saber cómo funciona todo y no hay ciencia más fundamental que esa. Luego entré en matemáticas porque quería entender mejor las herramientas que usaba en física”, explica.

Le pregunto por la necesidad de inculcar una mayor cultura científica en la población. “Creo que el mundo sería un lugar maravilloso si todos supiéramos más matemáticas. Por supuesto, cada cual piensa lo mismo de su rama, así que no me esfuerzo demasiado en evangelizar”, responde. “En una sociedad compleja todos somos analfabetos en algo, porque delegamos tareas intelectuales especializadas en otros. Es una forma más de división del trabajo. Sí me preocupa que fruto de ese analfabetismo se puedan aprovechar de ti por ejemplo estafadores que venden pseudoterapias, pero la solución no pasa necesariamente por alfabetizar a nadie; bastan regulaciones más estrictas”, añade.

SUPONGO QUE ME CORRESPONDE SER MILLENNIAL POR EDAD, PERO CUANDO LEO COSAS EN PRENSA SOBRE ELLOS NO ME IDENTIFICO MUCHO CON LO QUE SE DICE

El abanico de posibilidades en lo profesional es bastante amplio para Javier, que cuenta que aunque en principio pensaba tirar por teórica, últimamente está bastante interesado en las posibilidades de la simulación por ordenador. Aunque actualmente no es muy activo en redes sociales, internet forma parte fundamental de su día a día. “Internet para mí es un suministro básico como el agua o la luz. Esto se lo cuento a mis padres y se descojonan, pero seguramente mi abuela también se descojonó cuando ellos se compraron una tele”, dice.

 

—¿Te sientes identificado con el término millennial?

—Supongo que me corresponde ser millennial por edad, pero cuando leo cosas en prensa sobre ellos no me identifico mucho con lo que se dice. Encasillar usando variables demográficas es fácil y por eso se hace, pero generalizar suele ser una receta para el desastre.

¿Vivimos pegados a nuestros dispositivos electrónicos? Sí, claro. Javier, el millennial que escribe estas líneas y hasta puede que usted. “La queja entiendo que viene de no comprender la variedad de cosas que te ofrece”, deja caer Javier mientras hace mención a su madre: “Si yo estoy seis horas en el ordenador, significa que he estado seis horas haciendo lo mismo, en una pantalla estática. Pero en realidad he estado haciendo las mismas cosas que ella (trabajar, leer, ver una serie), solo que todo en el mismo aparato. Es difícil comunicar eso a quien no usa internet como fuente primaria de todo”.

Para Javier, el mantra de que la juventud está en decadencia ha pasado por todas las generaciones de la historia: “Es un tema común”. “Seguramente todas las generaciones de la historia han pensado que sus padres eran unos estirados y luego han acabado siendo iguales. Nos llegará nuestra hora”, concluye.

Fotografía de ANDREA WATKINS